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China Zorrilla…La sabiduría de un espíritu joven

Por Paz López

Esta semana cumpliría 95 años. Lara tuvo el honor de entrevistarla en su casa de Bs As hace unos años. Para los que no tuvieron la oportunidad de leer la nota en su momento, ahora la publicamos en versión digital.

En Buenos Aires, China Zorrilla nos abrió las puertas de su casa y de sus primeros recuerdos. Viajamos en el tiempo a París, donde aprendió sus primeras palabras. Luego nos llevó a una quinta en Montevideo, testigo de gran parte de su infancia. Su adolescencia y juventud nos llevan a su casa de Punta Carretas, el mismo barrio montevideano donde vive hasta el día de hoy. En sus relatos están siempre presentes sus padres, su hermana mayor Gumita, su abuelo paterno (el poeta Juan Zorrilla de San Martín) y sus abuelos maternos.

Estar en Buenos Aires un día con China, a sus 88 años, además de ser una excitante aventura, es también estar ante un raro caso de sabiduría y juventud juntos en una sola persona. Porque a diferencia de lo que le sucede a los demás mortales, a China Zorrilla el paso del tiempo le da más vitalidad, más entusiasmo y más ganas de disfrutar la vida.
China ayer: muchos días en su vida.

“Perdón…¿querés un vermouth?”, estas son las palabras de China antes de empezar la nota en su casa de Buenos Aires en la calle Uruguay. El reloj marca las 2 de la tarde, es sábado y se respira un aire de calma y silencio total.

LARA: Vamos a empezar por el principio, recordando tu infancia. Una gran foto en blanco y negro llama la atención en tu living comedor, y llamar la atención en ese ambiente colmado de objetos con arte e historia, es un gran mérito…
China Z.: En esa foto yo estaba en el carrito, tenía unos dos años, era una de esas fotos que mamá mandaba a Montevideo…Pero esa foto es más que una foto…la gente que viene a casa la mira y pregunta si es un cuadro… Yo estoy en la cuna, mamá es la que empuja la cuna y Gumita (su hermana mayor) empuja otra cuna con su muñeca. En esos años en París éramos una familia feliz, y yo me daba cuenta. Mamá y papá eran una pareja increíble.

Dicen que los primeros años son los que marcan la vida de las personas…
Me sirvieron porque hablo francés hasta hoy, igual que el español. Porque además cuando volvimos de Paris que éramos chicas y nuestros primos querían oír hablar a las primas francesitas, entonces yo decía “Bonjour” y se burlaban de nosotras. Entonces decidimos no hablar más francés porque no entendíamos qué tenía de gracioso…, era el idioma nuestro. Entonces con Gumita decidimos que teníamos que aprender español con urgencia. No podíamos creer que todos se siguieran riendo de que habláramos francés. Por suerte no nos hicimos caso la una a la otra, y todavía hoy, el francés, es mi segundo idioma. Y si tengo que escribir un artículo mañana, por difícil que sea, si lo tengo que escribir en francés, lo escribo en francés.

¿Por qué se fueron a París? En ese momento tú eras una bebita, ¿no?
En aquella época papá era escultor, tuvo la posibilidad de irse a París a hacer el monumento al Gaucho y a estudiar y vincularse con los grandes de esa época. Con Bourdelle, por ejemplo, feo nombre para pronunciar en español (burdel), uno de los más grandes escultores que ha habido en Francia.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de esa época?
Me acuerdo que a papá le decían que yo recitaba muy bien, yo recitaba desde que tenía 4 años. Y Gumita dibujaba. Años después siempre decíamos con Gumita que no teníamos de qué quejarnos, que la vida fue muy generosa con nosotras. Pero esos años en París, si hubiéramos tenido 22 años Gumita y 20 yo…, ¿te das cuenta lo que hubiera sido? Podría decir que eso es lo único que me debe la vida…Me acuerdo que en París eran papá y mamá, y allí estaba Eugenia, una pariente, prima de mi tía, que vivía en París y ayudaba a mamá con el idioma y con la comida y todo lo demás. Era como mi abuela.

¿Cómo era la rutina en París? ¿Cómo era la vida de tu madre, que llegó con una hija de 3 años, contigo de bebita y estando ahí tiene otra hija?
Me acuerdo de muy poco. Mamá se quedaba en casa sin hacer nada. Creo que es una de las vocaciones que las mujeres han postergado, yo creo que es uno de los placeres de la vida no tener nada que hacer,¿no? Entonces, las mujeres no saben lo que es eso…, yo conozco mujeres que de golpe dicen “tomé una mucama, tomé una niñera…” ¿Y qué hacen ahora? ¿Están felices? Ahora no saben qué hacer. No sabemos no hacer nada.

¿Y tu madre sabía?
Mamá hacía nada haciendo de todo. Cosía, tejía, iba a los museos, se hacía amigas del barrio. Estaba muy vinculada a la gente de la cultura. Había una familia uruguaya muy numerosa, los Saavedra, Juan Carlos y Marcelo, que yo todavía les digo Jean Charles y Marcel. El padre de él era amigo de papá y la mujer de él era amiga de mamá. Y Juan Carlos y Marcelo, Sara y Ema eran sus hijos que tenían nuestra edad. Hacíamos muchos programas con ellos. Para nosotras eran Jean Charles, Marcel, Sará y Emá.

¿Tenían perro?
En mi juventud faltó lo que tengo ahora, que creo que eso hay que decírselo a la gente, por más que estés mal de plata o de ánimos, o quizás, más aún, si estás mal…, la compañía de un perro no se puede explicar lo sanadora que es. Porque ellos no hablan, se supone que no hablan, pero cuando los conocés bien dialogás con ellos. Decís “Fulano” y te miran. Les decís “vení” y a veces no vienen, parece que te dijeran que estuvieron solos todo el día, te miran como diciendo “ya voy”, es una cosa que parece literatura…, pero es así. Descubrí el perro tardíamente en la vida. Y me acuerdo de cuántas veces me hubiera hecho falta un perro. De grande, cuando me fui a vivir a Buenos Aires, era una grandulona y tenía miedo…, tenía miedo! Me regalaron un perro! Cuando se muere un perro tenés una ventaja sobre los seres humanos y es que gracias a Dios lo podes reemplazar aunque no te olvidás jamás del anterior.

En ese momento hubo un hecho crucial en tu vida que fue que te bautizaran China. (su nombre “real” es Concepción Zorrilla de San Martín).
A mí me decían Cochona, que era un horror en francés, Cochon era…cerdo…, entonces el Cochon había que sacarlo. Yo escribía Cochona y Zorrilla con la z para abajo, y algunos decían que era Gorila el apellido. Yo le decía a mamá que no podía entrar en un colegio llamándome Cochon Gorila… Ahí me pusieron y empezaron a llamarme Cochina. En Francia de Cochina no se reía nadie, “n´est pas Cochon…c ést Cochina”, me decían. Ya no les divertía nada. Pero cuando llegué a Montevideo el Cochina tampoco era bueno. Parece mentira que de ahí nació China.

Con el nombre siempre tuve problemas. Años después, cuando llegué a Londres con una beca para estudiar teatro, no te puedo explicar lo que era llamarte Conception (Concepción) que en inglés. Miss Conception quiere decir como aborto, Miss Aborto Gorila…y nunca dije como me llamaba, yo era Miss San Martin. Unos veinte años más tarde me fui a vivir a Nueva York y entré de maestra de francés en un colegio…, y de vuelta tuve que sacar el Zorrilla porque me decían Gorila por la z para abajo. Entonces ahí era Mme de Saint Martin. Además, yo estaba encantada de tener un apellido tan conocido, que mi abuelo era el poeta de la patria, mi padre era el escultor y yo cruzando la frontera me tengo que cambiar de nombre si no quiero que se rían de mi.


Volviste de Paris a Montevideo siendo niña. ¿Qué recordás de esa época? ¿Cómo te divertías en tu infancia?
Entre las cosas buenas que me pasaron en la vida, una era que yo no necesitaba que las cosas me pasaran para después decir “qué lindo que era”, yo pensaba “qué lindo que es esto,”…cuando lo estaba viviendo.
Al volver de París nos fuimos a vivir a la quinta de Muñoz, que era como el paraíso terrenal. Ahí vivían mi abuelo y mi abuela (Muñoz, padres de su madre), él un viejo de película y ella igual a mi mamá… mandona y todo. También vivían Alberto y Simona, Rafael y Ma. Mercedes. En la mesa siempre había diez ó doce personas, y en cada fiesta que había, un bautismo, un casamiento, o algo…, ¿qué hacíamos? (me pregunta)…, en ese living gigantesco hacíamos el “El Festival de China”. Mamá mandaba una nota invitando a todos los parientes, ponía una especie de cortina y toda la familia ahí sentada me miraba actuar. Y ya sabían que a la semana siguiente había otro Festival de China porque el tío Alberto cumplía años por ejemplo.

Foto familiar en Montevideo. Su padre, José Luis, su madre, Guma (la señora sentada empezando de la derecha), y sus hermanas (también están una tía y una prima). China es la segunda empezando de la derecha, tenía unos 10 años.

¿Cómo armabas tu festín?
Ensayaba. Yo además escribía las obras. En un momento, para variar un poco, le digo a mamá que necesitamos hacer un baile porque todo era muy hablado. Le pedí cualquier música divertida. Entonces mamá trajo una música rusa. Gumita y yo bailamos y le pusimos a las invitaciones “Gumita y China en fantasía moscovita”. Era la locura.

¿Qué libros de tu infancia recordás?
Me acuerdo mucho de “La Bibliotèque Rose”. Pero hay una cosa que no puedo dejar de decir- Cuando a Gumita y a mí nos daban un libro para leer de noche, Gumita era la que más leía. Yo hacía que leía pero en verdad inventaba mis propias historias.

¿Y de tu época de adolescente?
Tengo recuerdos de esa época. Almorzábamos en casa, en Montevideo, estaba la mesa, mamá en una cabecera, papá en la otra, hablando. Papá se sentaba y empezaba a hablar, y nosotras… oyéndolo… Nos contaba las noticias del diario, para comentar un banco que habían asaltado o algo sobre un diputado, él era un actor, mi papá recitaba.

Papá era lo más buenmozo y seductor que yo haya visto. Es que era un personaje. Se levantaba a las 7 – 7 y 30 de la mañana y se iba al taller. Almorzaba en el taller y venía de noche. Un día le pedí que me llevara con él. Y me llevó, claro.

Todas mis amigas enamoradas de papá, ¿no? Entonces, papá llegaba al taller, se preparaba el mate, ponía la pava para el agua y la yerba…, cosa que nunca hacía en casa, se ponía el overol, y entonces hacía un monumento. Estaba haciendo un monumento que era altísimo, y todos los días, al terminar de modelar eso, tenía que mojar esa estatua de pies a cabeza porque si no al día siguiente el barro estaba duro. Se subía a la escalera y ponía los trapitos húmedos alrededor de un dedo, luego de otro, y así de toda la estatua, para volver la mañana siguiente y sacarlos todos de vuelta, uno por uno. Silbando siempre, alguna música clásica, y me explicaba lo que era hacer un monumento.

“Mamá se quedaba en casa sin hacer nada. Creo que es una de las vocaciones que las mujeres han postergado, yo creo que es uno de los placeres de la vida no tener nada que hacer, ¿no?”

¿Qué nos podés contar de tu abuelo paterno, el Poeta de la Patria?
Mirá lo que te voy a decir: si mi padre era un personaje, me abuelo lo era mucho más. Era un poeta de ideas avanzadas para aquella época. Todo el tiempo me pedía que le recitara algo. Él decía: “ésta me va a dar el placer que no me dio ninguno de mis hijos ni mis nietos”. Y todos le decían que no me dijera esas cosas, que fomentarme la actuación era como fomentarme que me prostituyera.

Hablemos más de cómo vivías la adolescencia en aquella época.
Cuando yo era adolescente, joven, era Hija de María del Sagrado Corazón y de golpe se corrió la voz de que yo había ponderado a no sé quién, y se escandalizaron algunas porque yo ya actuaba y estaba haciendo “La Celestina” , y ¿sabés lo que hice? Devolví la medalla de Hija de María a la Madre Superiora y ella aceptó encantada! Y se me quedó con la medalla! Yo no te puedo explicar cómo me llené de odio, pero en aquella época había una cosa que les importaba a las monjas y era aquello a lo que ellas habían renunciado…, lo que tuviera que ver con el hombre. Pero yo me quedé muy mal con lo de la medalla.

En una fiesta que hubo, de 15 o de 18, vimos a una de nuestras amigas que bailaba con un hombre y se tocaban un poco la cara o la mano, y nos juntamos todas las Hijas de María y dijimos: “¡a esa no la invitamos nunca más!”. ¿Te das cuenta lo que era la mentalidad en mi juventud?


China también fue pionera en la televisión en los años 50. Era una de las conductoras de un programa de interés general, los que hoy llamamos “Magazine”.


En Nueva York, años 60, en su apartamento, con Marcel Marceau, uno de sus frecuentes invitados.


En Montevideo, 1985, cuando China vuelve a las tablas con su adorado personaje de Emily Dickinson, en la obra Emily


En Madrid, año 2007, con sus amigos, el director de cine Marcos Carnevale y el actor Facundo Arana luego de un largo día de rodaje de la película Tocar el Cielo. China… incansable y divertida.y

China hoy: un día en su vida

Invierno del 2010. Buenos Aires. Calle Uruguay. Casa de China. Un día de su vida.

China es madrugadora. No necesita el despertador para estar de pie a eso de las siete de la mañana. Se levanta enseguida para aprovechar estos momentos de total soledad y silencio (siempre hay alguna sobrina o sobrina nieta durmiendo en su casa). Con su perra Flor se levanta a prepararse su desayuno, y deja todo pronto para preparárselo más tarde a su huésped de turno. Café con leche, dos tostadas con manteca y siempre una rica mermelada. Mientras desayuna en la mesa, lee el diario, escucha los mensajes en la contestadora del su teléfono, y pone la televisión de fondo en algún canal de noticias. Religiosamente, todos los días, hace las palabras cruzadas del diario, y siempre las termina. Religiosamente, todos los días, chequea una libreta donde están los cumpleaños de sus seres queridos, para estar siempre presente en su día.

“Entre las cosas buenas que me pasaron en la vida, una era que yo no necesitaba que las cosas me pasaran para después decir “qué lindo que era”, yo pensaba “qué lindo que es esto,”…cuando lo estaba viviendo.”

Más tarde, a eso de las diez de la mañana, empieza el movimiento en la casa. Llega su secretaria y organizan la agenda del día. China contesta llamados, entre ellos muchas salidas al aire de alguna radio que quiere su opinión sobre algún tema trascendente. Entre otros llamados siempre están presentes esos que son para ayudar a alguien que lo necesite. Ayudar a los demás, para China, es como respirar. Siempre está dando una mano a alguien y la palabra pereza no existe en su diccionario. Ella siempre fue y es muy generosa con su dinero, según muchos, demasiado. Pero también siempre fue y es muy generosa en brindarse a los demás y dedicarles su tiempo (un mínimo ejemplo: levantarse a las cuatro de la mañana, a sus 88 años, en invierno, para ir a buscar a Ezeiza a una sobrina nieta que volvía de Europa cuando habían arreglado que le mandaría un remise). Generosa de verdad. Siempre da sin pensar en recibir.

Después, ya mucho más tarde, el almuerzo. Muchas veces con alguna visita. Es muy probable que a primeras horas de la tarde, cuando China está muy tranquila, venga algún periodista a entrevistarla. En ese momento generalmente aparecen en escena el Vermouth y el queso Brie, sus vicios actuales que gusta compartir con las visitas. Y así como así, siempre atrapa con sus respuestas a los periodistas de turno y a cualquiera que esté en su living (por más que fuera una sobrina que la ve todos los días porque vive con ella).

De tardecita, después de una siesta, el ritual es el de tomar el té, aunque siempre sea café. Y mirando la agenda. organizar lo que queda del día. Que siempre es mucho, porque para China, noctámbula por profesión, el día recién empieza. Si tiene función la pasan a buscar a eso de las siete de la tarde y luego seguramente vaya a ver alguna otra obra en trasnoche para luego ir a comer al Edelweiss (el tradicional restaurante que es como un anexo de su casa para ella y tantos otros actores de la calle Corrientes). En el caso de hoy, que no tenía función, estaba esperando a una sobrina nieta y un amigo para llevarlos a ver la obra El Impostor. Ésta era la décima vez que iba a verlo y que invitaba a quien la visitara. La joven China está enamorada de Martín Bossi, su protagonista, dice que tienen un romance, y muestra un artículo que salió en el diario publicando su romance. Ella explica con pasión, casi de adolescente, el por qué de su fanatismo hacia ese artista. Durante la función, donde él imita a cantantes como Calamaro, Charly García, Sabina y Chayanne…, la que más aplaude y baila y disfruta, no lo duden, es China. Está llena de vida. Y en cada función Bossi le dedica una canción que ella recibe con total devoción.

“Al volver de París nos fuimos a vivir a la quinta de Muñoz, que era como el paraíso terrenal. En ese living gigantezco hacíamos el “El Festival de China”. Mamá mandaba una nota invitando a todos los parientes, ponía una especie de cortina y toda la familia ahí sentada me miraba actuar.”

A medianoche recién llega al Edelweiss. Por la manera que la saludan el encargado y los mozos, se nota que China está en su casa. Ya saben qué servirle, no tiene ni que pedir los buñuelos de acelga con azúcar que le dan como entrada. Y disfruta. Disfruta de saludar a los colegas que vuelven de sus funciones. Disfruta de homenajear a sus invitados. Disfruta de la conversación. Y disfruta de pensar en llegar a la tranquilidad de su casa, donde la espera ansiosa, su adorada perra Flor.

China: esencial y espontánea

¿Cuál es el rasgo principal de su carácter?
Optimismo.

¿Cuál es el rasgo que mas deplora de usted misma?
Algunos miedos.

¿Se considera una buena persona?
Sí. Soy muy amiga del prójimo.

¿Cuál es su miedo más grande?
La muerte.

¿De quién siente envidia?
De la gente que puede hacer algo que yo no pueda hacer bien porque no me doy cuenta. Por ejemplo, si no doy algo porque no me di cuenta que alguien lo necesita.

¿Qué es de lo que más se arrepiente?
He tenido la suerte de hacer lo que siempre soné, quería ser actriz. Pero me arrepiento de no haberme casado y tener hijos.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Deseando concretar mi carrera de actriz de muy joven me fui becada a Londres. Me fui sola casi sin hablar inglés. Y la prueba para entrar en la Royal Academy of Dramatic Arts la hice en francés con una escena de Moliére. Y quedé.

¿Cuál considera que es actualmente la virtud menos valorada?
Dar, la gente no sabe dar.

¿Que despierta su ira?
Que nos acostumbremos a vivir en un mundo donde algunos comen y otros no.

¿Cuál es la cualidad que más le gusta de las personas?
Me gusta el ser humano como es. Con sus defectos y virtudes. Me gusta ayudar si falta algo.

¿Cuándo miente?
Miento poco. Cuando era chica por alguna cuestión sentimental. Comprendo a los que a veces tienen que mentir.

¿Qué no perdonaría?
No hay nada. Las circunstancias de la vida a veces llevan a las personas a hacer cosas horripilantes.

¿Qué le hace reír?
Muchas cosas. Tengo buena risa.

¿Qué le hace llorar?
Muchas cosas. Antes escondía el llanto como si fuera una vergüenza. Ahora no pido perdón por llorar.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Haber conseguido una cosa que cuando era chica era considerada un delirio total. Cada vez que se baja el telón me acuerdo de eso.

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
La gran felicidad del ser humano es lo que yo no tengo. La pareja. El hombre nació para vivir en pareja.

¿Para usted que es un buen insulto?
Solterona.

¿Cómo es el estado actual de su espíritu?
Yo estoy haciendo una cosa que es maravillosa. Estoy envejeciendo. Me impresiona estar con esta edad. Además de miedo también me da curiosidad morirme. Estoy frente a una ineludible caminata. Me atrae peligrosamente. Es rarísimo.

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